lunes, 18 de mayo de 2015

Explota, explota... me expló!!

Esto de trabajar de lunes a viernes y muchos fines de semana, entre los Churros de Barcelona, los Churros de Madrid, y los bolos que le salen a una, hace que cuando aparece en el calendario un fin de semana libre, quieras ponerte la capa de invisibilidad, y... ¡puf! desaparecer durante 2 días. 

Y de hecho eso he hecho este fin de semana, no sin antes liar a un grupo de amigos para que me acompañaran el viernes a ver Mad Max: Fury Road. 

Escogí Mad Max por una razón muy simple y vacía: había visto el trailer y prometía 2 horas de explosiones colosales. Era lo único que buscaba: que explotaran montañas, que explotaran coches, que explotaran camiones llenos de coches, que explotaran trailers llenos de camiones llenos de coches,... Vamos, una orgía de imagen y sonido. Me gusta eso. De hecho me lo paso pipa viéndolo ^_^ 

Lo que no me esperaba, y fue una auténtica sorpresa fue además encontrarme con una buena película. Y es que ya en la primera secuencia me sorprendió muchísimo ver cómo estaba hecho el montaje. Pequeños detalles que hacían que disfrutara a más niveles que el puramente animal de: "woooowww capuuuum pedazo de explosión nanooo!!". Cámaras rápidas sutiles que le daban un aire salvajemente brutal a la peli. Planos y cortes, que te trasladaban a ese mundo apocalíptico. Y un tratamiento visual, en la fotógrafía, vestuario, decorados, y dirección del arte en general, que era un regalo para la vista. Mil detallitos que a lo largo de toda la peli van apareciendo y... buah... flipas! 

Y además, un tratamiento de los personajes genial. Diálogos los justos, que hemos venido a ver explotar explosiones que explotan, y un desarrollo de la historia con un tempo estupendo, sin tratar al público como si fuéramos idiotas, porque creo que en el cine hay que explicar una historia a través de imágenes. Sino, en vez de ir al cine, me leo un libro. 

Total: que si os mola el cine de acción, id a verla, vais a disfrutar a saco durante 2 horas. 

jueves, 14 de mayo de 2015

Oiga, joven!

Ayer vi el Salvados que el domingo pasado no pude ver porque estaba en el Apolo currando en Churros con Chocolate, donde os cuento anecdóticamente que casi antes de irme tuve un encuentro con un chico de 19 años. Su actitud, sus aptitudes, su conversación, y su discurrir, me fascinaron. No uso aquí "fascinación" como "admiración", sino como algo que simplemente te deja alucinada, flipada, por ser algo muy alejado a ti.

Pero el caso es que ayer vi el Salvados del domingo pasado, en el que Jordi Évole entrevistaba a un ex-miembro de ETA. Cabe decir que os recomiendo que veáis la entrevista, porque creo que hay muchos números de que os remueva, y remover, está bien. A lo largo de la entrevista más de una vez se me escaparon las lágrimas, y más de una vez me fascinó lo que Iñaki Rekarte explicaba. Y algo que estuvo muy presente durante todo su relato era precisamente lo joven que era cuando entró en la banda. Cuando hablaba de ese chico que fue, ese chico que "decidió" entrar en ETA, parecía que no había motivos, o reflexión. No era capaz de explicar exactamente porqué entró. Simplemente era joven, y se lo propusieron, y era guay, y entró. 


Hoy he visto a una chica de unos 16 años que llevaba el botón y la cremallera del tejano abiertos. Y lo primero que he pensado ha sido: "¿Qué hace? ¿Dónde va así?"... me ha fascinado... 

Sin pretender comparar a esta chica y al chico del Apolo, con el chico que entró en ETA, porque las consecuencias de sus acciones son claramente muy distintas, sí veo un punto común en todo: está lejos de mí. 

Quizás es eso, que poco a poco e irremediablemente la vida te aleja de eso, y ya no puedes entenderlo. Sólo, como mucho, podrás aceptarlo y decir: "Ah, mira, el año pasado bragas-short, este año, cremalleras abiertas, y bragas a la vista". 


Acabo con un texto que tiene más de 2300 años. Aristóteles decía esto sobre los jóvenes, y no creo que fuera el primero:


Los jóvenes –dice nuestro maestro– son concupiscentes* de carácter y les encanta hacer siempre lo que desean. Son muy seguidores de las pasiones venéreas.

Son variables y se hartan con facilidad, son fuertemente concupiscentes, pero sus deseos son agudos pero no prolongados, pues se les pasa la pasión deprisa, como la sed y el hambre de los enfermos.

Son apasionados, de cólera  pronta, y se dejan llevar con facilidad por los impulsos. Se dejan llevar por la ira, no soportan ser tenidos en poca consideración y se irritan sobremanera  si se consideran víctimas de la injusticia.

Se pasan en todo, todo lo hacen exageradamente, lo suyo es por doquier la demasía, pecan por exceso, aman con exceso, odian por exceso, no tienen término medio.

Se creen que lo saben todo y hacen siempre afirmaciones contundentes, de lo que deriva su conducta  exorbitante y descomedida.

concupiscentes*: que les gustan los bienes terrenos, los placeres deshonestos



jueves, 30 de abril de 2015

Una detrás de otra

La semana pasada el director de Cooltura fm nos comunicó que la Direcció General de Mitjans de la Generalitat, siguiendo con sus habituales prácticas mafiosas, quería precintar los equipos de emisión debido a que la emisora no dispone del título habilitante para emitir, título que gran cantidad de emisoras no tienen, y que no les impide seguir adelante con su programación, seguramente porque para ellos la ley es una cosa más parecida a un par de entradas para ver al Barça, o una cena de amigotes. 

Las mafias, los lobbies, amiguismos, y uso ilícito de información privilegiada está a la orden del día, qué os voy a contar. Todo lo que se destapa, nos alucina, y más alucinante es lo que deja entrever... La mierda llega hasta límites insospechados. 

En medio de toda esta porquería política y económica, un grupo de ciudadanos se juntó para intentar cambiar las cosas en su ciudad, Barcelona. Yo no estoy metida en política: no soy lo bastante lista, y soy demasiado postmoderna como para identificarme con ningún movimiento, lo cual a veces, no lo negaré, me entristece. Pero sé de primera mano cosas que Barcelona en comú está intentando hacer, y una de ellas es el compromiso de no pedir dinero a los bancos. Porque, señores, qué sentido tendría estar cagándome en el funcionamiento de los bancos, en los desalojos diarios, e hipotecas asfixiantes, si luego invito a comer al señor director del banco de turno, y le pido que me financie la campaña electoral a cambio de bajarle los pantalones al resto de ciudadanos para salvarle el culo al susodicho señor director si fuera necesario. Pues ninguno. Absolutamente ningún sentido. Sería una hipocresía y un favoritismo asqueroso. Vamos, lo que nos hemos comido todos nosotros los últimos años. 

De esta forma, Barcelona en comú decidió que para conseguir el mínimo de dinero que necesitan para llegar a la gente, para tener un poquiiiito de visibilidad (porque está más que claro que el señor TV3 no le va a dar ni pizca de la buena), iba a funcionar a base del crowdfunding. 
El lunes me enteré que la cifra que tienen está aún muy por debajo de lo que necesitan, y me puse muy triste. Porque quizás no me identifique con ellos, pero me revienta que nadie pueda reventar el sistema. Así que he decidido voy a darles algo, y luego ya veré a quien voto el 24 de Mayo. 

viernes, 24 de abril de 2015

Mary Wollstonecraft

En estos años en los que las series están de moda, y que todos seguimos en paralelo 2 o 3, hay una serie que aún no ha sido superada por ninguna de las que he visto. Se trata de Northern Exposure, o lo que para mí ha sido toda la vida: Doctor en Alaska. 

Allá por el año 97 me quedaba yo despierta hasta la 1h o 2h de la mañana, sentada frente al televisor, esperando pacientemente que empezara en tv2 un capítulo de Doctor en Alaska. La cadena programaba la emisión de la serie en su parrilla como le venía en gana, y lo peor de todo es que eso no garantizaba que finalmente fuera a emitirse. 

Pero la serie lo merecía. No ha habido nunca una serie que me hable tanto, que conecte tanto con mis emociones, en definitiva, una serie para mí más bonita. 

Las pasadas Navidades me regalaron la serie completa, y estoy revisionándola, ahora bien, sin perderme ningún capítulo. Y, lo vuelvo a sentir: raro es el capítulo que no me conmueva, me haga llorar de felicidad, de tristeza, o de belleza. 

La transmisión del mensaje siempre ha dependido de que tanto el emisor como el receptor entiendan de la misma forma el contenido de un mensaje, y en eso entran a formar parte las más profundas estructuras del alma de cada uno. 

Sin ánimo de extenderme más, os dejo aquí las palabras de Mary Wollstonecraf, una de las primeras mujeres que en el S.XVIII sentó las bases del movimiento feminista. La parafrasearon en el último capítulo que vi de Doctor en Alaska, en un contexto que envolvía las palabras y les daba su pleno sentido. No son esas palabras las que dejo hoy aquí, son otras, pero que también me han hecho pensar, reflexionar, y sentir, que todavía hay mucho por desaprender. 


"...Como el amor ocupa en su pecho (de la mujer) el lugar de toda pasión más noble, su única ambición es ser hermosa para suscitar emociones en vez de inspirar respeto; y este deseo innoble, igual que el servilismo en las monarquías absolutistas, destruye toda fortaleza de carácter."

"...(las mujeres) confinadas en jaulas como la raza emplumada, no tienen nada que hacer sino acicalarse el plumaje y pasearse de percha en percha. Es cierto que se les proporciona alimento y ropa sin que se esfuercen o tengan que dar vueltas; pero a cambio entrengan salud, libertad y virtud."

"Como sólo se les ha enseñado a agradar, las mujeres siempre están alerta para ellos y se esfuerzan con ardor verdadero y heroico por ganar corazones simplemente para renunciar a ellos o desdeñarlos cuando la victoria está decidida y es evidente".


Vindicación de los derechos de la mujer (1792)



viernes, 17 de abril de 2015

Bolsa de trabajo

Esta mañana tenía un correo en mi bandeja de entrada de Nestlé. 
Me envían publi porque en algún momento debí facilitarles mis datos (o eso quiero pensar). 
El caso es que está muy claro: en Nestlé buscan buenorros para trabajar. Interesados pónganse en contacto con RRHH de la chocolatería más sexy del país. 





miércoles, 8 de abril de 2015

Menudo Panorama

El pasado domingo los porteros de la discoteca Berhain-Panorama de Berlín me vetaron el acceso a mí y a mi acompañante al interior del local: "Este es un club privado, y escogemos a la gente que entra". Esa fue la explicación que nos dio el portero cuando le preguntamos porqué. Antes de eso no faltaron vaciladas, y un trato... no diré humillante, pero vamos, de un sobrao acabao de aúpa por parte de uno de los porteros del local, que se rió de nosotros cuando nos acercamos a él para acceder al local. 
Así que nada, nos dimos media vuelta y nos fuimos de ahí, tal y como llegamos, sin más. 
Nos habían avisado de esto: "Mejor si vais de negro", "No lleves esa camiseta", "No habléis es español", "Que se os vea seguros pero no sobraos", "Id en plan cool guay"... 

Un local que promueve el elitismo, me parece una bazofia. 
Un local que hace que el que está dentro se crea mejor que el que no ha podido entrar, es una porquería. 
Un local que deniega el acceso a una persona porque su estilismo no responde a los cánones de "guayicidad", y no por razones de seguridad, es una basura. 
Pero además, un local que se jacta de ello, es un virus que infecta la escena y que degrada al público.
Yo no soy cool, ni guay. No me sale, y además no me siento a gusto fingiendo serlo. El elitismo nos aleja de prácticamente toda la gente real, y hace que nos perdamos muchas cosas buenas. Y aún sabiendo lo que se respiraba en la puerta del Panorama fui para allá, a "probar suerte". Pero me equivoqué, me pudo la curiosidad, no debería ni haber usado mi tiempo en ir a sabiendas de la política de acceso que usan. 


He estado de vacaciones. Nada más y nada menos que seis días con sus cinco noches en Berlín, y el objetivo era claro: bailar, bailar y bailar (house y techno, claro, que para algo fui a Berlín). 

Dos días después de mi vuelta puedo decir: objetivoooo... ¡coooonseguidoooo! Tengo la grandísima suerte de contar con amigos que viven en Berlín, o han vivido en Berlín, o viajan mucho a Berlín, así que me llevé una retahíla de instrucciones con locales, lugares de interés, lista de amigos de amigos, y buenos consejos. Todo eso junto con mi gran amante y compañero de viaje, hizo que mi estancia en Berlín fuera inmejorable. Me llevo un recuerdo increíble de esta semana. Mil gracias a todos los que me echasteis un cable para conseguirlo, sobre todo a Tomás, mi nobilísimo y maravilloso compañero de viaje  :) 


lunes, 23 de marzo de 2015

Por algún lado hay que empezar

Hace casi 5 años empecé a escribir una novela. A día de hoy llevo dos terceras partes escritas. Sin presión, ni prisas, escribo cuando me apetece, y estoy segura que un día la acabaré. Y cuando lo haga, pues ya veré qué hago. 

Hace una semana empecé a leer "También esto pasará", de Milena Busquets, y por supuesto, salvando las distancias, su forma de escribir me recuerda mucho a la mia. 

He querido copiar aquí mi inicio... Apenas las dos primeras páginas. Si os apetece o sentís curiosidad adelante, todo vuestro, a mí me encantará que lo leáis. Si os da palazo, pues ea, yo no he visto nada.

Capítulo 1 (por algún lado hay que empezar)

-Bueno, entonces eres compañero de trabajo de Laura, ¿no? – le pregunté al tío con el que acababa de tener un intento frustrado de polvo.

-Sí. La conozco desde que volvió a la empresa. Nunca me había dicho que estuviera casada – me contestó él sin apartar la mirada del techo, ajustándose mi sábana a la altura de sus sobacos y sacando los brazos por fuera.

-Ah, sí. Desde hace ocho años – le contesté echando un disimulado vistazo al reloj que tenía en mi mesilla de noche.

Las seis menos veinte. Si me daba prisa en echar a ese montón de músculos flácidos de mi cama, aún podría dormir 3 horas hasta que el despertador sonara.

-Vaya… ocho años… ¿Y tienen hijos?

-Sí, dos. Un niño y una niña.

-Vaya… dos hijos - dijo él aún con la mirada fija en el techo.

Tras pasarse más de cinco años entre pañales y biberones, Laura había vuelto al departamento de marketing de la empresa donde había estado trabajando desde que acabó la carrera y hasta que dio a luz a su primer hijo. Casualmente el puesto que ella dejó vacante volvió a quedar libre a los pocos meses de que su segundo hijo entrara en la guardería, así que su antiguo jefe, muy amablemente, la había vuelto a contratar. 

-Bueno… La fiesta ha estado bien, ¿no? – dije yo intentando conseguir una conversación que, aunque prefabricada, nos permitiera pasar esos minutos de rigor lo menos violentamente posible hasta que pudiera invitar a ese desconocido a largarse de mi cama – Parece que hay muy buen rollo entre los compañeros de trabajo.

-Sí, bueno, no sé… hay de todo.

-Mira, esto es tan incómodo para mí como para ti. O colaboras un poco para hacerlo más llevadero o ya sabes dónde está la puerta.

Eso es lo que estaba pensando, pero que obviamente no dije. Y es que la primera norma es que pase lo que pase, el espectáculo debe continuar, así que dije:

-Ya, claro, como en todas partes.

El hombrecillo que a mi lado miraba ensimismado al techo de mi dormitorio, se llamaba Dani. Laura me lo había presentado esa misma noche en la fiesta que había organizado para celebrar el cumpleaños de su marido Pablo. Estábamos a mediados de Septiembre y por las noches todavía hacía calor, así que su idea, tal y como ella me había dicho, era tomar un aperitivo en el jardín de su casa en Sant Cugat con los más íntimos. No sé en qué momento pasamos de ser “los más íntimos”, a ser “los más íntimos, y los compañeros de su trabajo, y los compañeros del trabajo de su marido, y alguna que otra conocida del gimnasio, y la cuñada del cartero que pasaba por ahí”. Así que, sin poder evitarlo, había acabado en una fiesta rodeada de desconocidos donde Laura danzaba de un grupo a otro. Yo mientras permanecía anclada al lado de Matías. Matías era amigo mío y de Laura desde mucho antes de que ella se casara, y era mi salvavidas en este tipo de eventos, liberándome de la obligación de tener que hablar de nada con nadie para cumplir con el protocolo de ese tipo de celebraciones.


Esa noche, al poco tiempo de llegar a la fiesta Laura se había acercado a Matías y a mí, con una  sonrisa de oreja a oreja, cogida del brazo de un hombre que debía rondar los cuarenta, más bien bajito, que empezaba a echar tripa, y que lucía unos recientes y claros implantes de pelo.

-Cristina, te presento a Dani, trabaja conmigo. Bueno, no en el mismo departamento, él está en contabilidad – me había dicho abriendo mucho los ojos como si con ello quisiera que la información me llegara más clara, y al parecer olvidando la presencia de Matías a mi lado.

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